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Golpe de calor en niños: Minutos de peligro en el coche.

Madre asegurando a una niña en una silla infantil dentro del coche

“Solo serán unos minutos.”

Puede parecer poco tiempo para entrar rápidamente en una tienda, recoger algo o realizar una gestión. Sin embargo, cuando un bebé o un niño permanece dentro de un vehículo estacionado, unos pocos minutos pueden ser suficientes para que la temperatura del habitáculo aumente de forma peligrosa.

La Dirección General de Tráfico (DGT), tomando como referencia información de la Fundación MAPFRE y la Asociación Española de Pediatría, advierte de que un menor que permanezca solo durante apenas 10 minutos en un vehículo, con una temperatura exterior cercana a los 25 °C, puede tener muchas posibilidades de sufrir un golpe de calor.

Por eso, cuando hablamos de niños dentro de vehículos, la pregunta no debería ser únicamente cuánto tiempo pueden permanecer en el interior, sino entender que no existe un periodo que pueda considerarse completamente seguro.

En solo 10 minutos la temperatura puede aumentar más de 10 °C

Un automóvil estacionado al sol funciona prácticamente como un pequeño invernadero.

La radiación solar atraviesa los cristales y calienta superficies como los asientos, el salpicadero y el interior del vehículo. Ese calor queda acumulado dentro del habitáculo y provoca que la temperatura aumente rápidamente.

En una prueba difundida por la DGT, realizada con una temperatura exterior de entre 27 y 29 °C, la temperatura dentro del automóvil aumentó más de 10 °C en solo 10 minutos.

Esto significa que una temperatura exterior que puede parecernos agradable puede convertirse rápidamente en una situación completamente diferente dentro del vehículo.

No hace falta que afuera haya 40 °C para que exista riesgo.

De hecho, la DGT señala que incluso con temperaturas exteriores ligeramente superiores a 20 °C, el interior de un automóvil expuesto al sol puede superar los 40 °C.

¿Qué ocurre después de 30 minutos?

El aumento continúa mientras el vehículo permanece expuesto.

En las pruebas recogidas por la DGT, con una temperatura exterior aproximada de 27–29 °C, después de 30 minutos la temperatura de un vehículo completamente cerrado podía llegar a ser aproximadamente el doble que la del exterior.

Y el calentamiento no se detiene allí.

Después de casi dos horas, las mediciones llegaron a superar los 60 °C dentro del habitáculo.

La Asociación Española de Pediatría (AEP) ofrece otro dato especialmente ilustrativo: con una temperatura ambiente de 29 °C, la temperatura interior del vehículo puede aumentar casi 20 °C durante los primeros 45 minutos de exposición.

Eso podría situar determinadas zonas del interior cerca de los 49 °C.

Si la temperatura exterior alcanza los 39 °C, la AEP advierte de que algunas zonas del interior de un automóvil pueden llegar aproximadamente a 70 °C.

Una ventana ligeramente abierta no elimina el peligro

Existe una idea muy extendida: dejar las ventanillas un poco abiertas puede evitar que el automóvil alcance temperaturas peligrosas.

Sin embargo, las pruebas muestran que esa medida no es suficiente.

En el estudio recogido por la DGT se analizaron tres escenarios:

  • vehículo completamente cerrado;
  • una ventanilla abierta aproximadamente 5 centímetros;
  • dos ventanillas abiertas aproximadamente 5 centímetros.

Aunque abrir las ventanillas reducía ligeramente la temperatura, en todos los escenarios se alcanzaron niveles extremos.

Con una ventana parcialmente abierta se registraron temperaturas de hasta aproximadamente 54 °C, mientras que con dos ventanas abiertas se continuaron superando los 50 °C.

Por tanto, abrir parcialmente una ventanilla no convierte al vehículo en un espacio seguro para dejar a un niño.

¿Por qué un bebé se calienta más rápido que un adulto?

Los niños pequeños no regulan la temperatura corporal con la misma eficacia que los adultos.

La Asociación Española de Pediatría advierte de que la temperatura corporal de los menores de un año puede aumentar entre tres y cinco veces más rápido que la de una persona adulta.

Además, los menores de cinco años presentan mecanismos de regulación térmica menos desarrollados, lo que los hace especialmente vulnerables frente a temperaturas elevadas.

A esto se suma una circunstancia fundamental:

un bebé sujeto a su sistema de retención infantil no puede abandonar el vehículo por sí mismo.

No puede abrir una puerta, retirar el arnés o buscar un lugar más fresco.

Su seguridad depende completamente de que un adulto detecte la situación y actúe a tiempo.

El riesgo aumenta progresivamente

No existe un cronómetro universal que permita afirmar:

“Hasta este minuto el niño está seguro y a partir del siguiente comienza el peligro.”

La evolución depende de múltiples variables:

  • temperatura exterior;
  • exposición directa al sol;
  • hora del día;
  • humedad;
  • características y color del vehículo;
  • ventilación;
  • edad del menor;
  • ropa;
  • hidratación;
  • estado de salud;
  • tiempo de exposición.

Por esta razón, las recomendaciones de seguridad no establecen un determinado número de minutos como aceptable.

La recomendación es mucho más sencilla:

nunca dejar a un niño solo dentro de un vehículo, ni siquiera durante unos minutos.

La propia DGT mantiene actualmente esta recomendación y recuerda que la temperatura del interior puede aumentar rápidamente y provocar golpes de calor potencialmente mortales.

¿Cuándo aparece un golpe de calor?

Nuestro organismo intenta mantener la temperatura corporal alrededor de unos valores relativamente constantes.

Pero cuando el cuerpo recibe más calor del que consigue eliminar, ese mecanismo de regulación puede fallar.

El resultado puede ser una hipertermia o golpe de calor.

La DGT advierte de que en casos graves la temperatura corporal puede superar los 42 °C, provocando alteraciones neurológicas, convulsiones, coma e incluso la muerte.

Entre los posibles síntomas de un golpe de calor infantil se encuentran:

  • temperatura corporal elevada;
  • piel seca y muy caliente;
  • debilidad;
  • cansancio intenso;
  • mareos;
  • vómitos;
  • dolor de cabeza;
  • respiración rápida;
  • taquicardia;
  • calambres;
  • pérdida de conciencia;
  • convulsiones.

La AEP señala que los casos más graves pueden evolucionar hacia pérdida de conciencia y convulsiones.

¿Puede un niño morir en menos de una hora?

En circunstancias extremas, sí.

La DGT indica que un niño dentro de un automóvil estacionado al sol y sin ventilación puede llegar a alcanzar una temperatura corporal de 42–43 °C y morir aproximadamente entre media hora y una hora, dependiendo de las condiciones.

Esto no significa que todos los casos evolucionen exactamente de la misma manera.

Significa que el margen disponible para detectar y resolver una situación puede ser mucho menor de lo que intuitivamente imaginamos.

Por eso, confiar en regresar “antes de que pase algo” no constituye una medida de seguridad.

“Pero afuera no hace tanto calor”

Este es otro de los principales errores de percepción.

Podemos asociar el golpe de calor exclusivamente con días de temperaturas extremas de 35 o 40 °C.

Sin embargo, un vehículo puede calentarse de manera peligrosa con temperaturas exteriores mucho más moderadas.

Según la información difundida por la DGT, con poco más de 20 °C en el exterior, el interior de un automóvil expuesto al sol puede superar los 40 °C.

Por tanto, el riesgo no se limita únicamente a las grandes olas de calor.

Un día soleado de primavera o comienzos de verano también puede generar condiciones peligrosas dentro de un coche estacionado.

¿Qué hacer si encuentras a un niño encerrado en un coche?

Si observas a un bebé o niño solo dentro de un vehículo y existe riesgo por temperatura, no asumas que su cuidador regresará inmediatamente.

La DGT recomienda llamar urgentemente al 112 y seguir las instrucciones de los servicios de emergencia.

Si el menor presenta signos compatibles con un golpe de calor, una vez fuera del vehículo las recomendaciones incluyen:

  • llevarlo a un lugar fresco;
  • retirar o aflojar el exceso de ropa;
  • aplicar compresas frescas;
  • refrescar el cuerpo con agua;
  • abanicarlo para favorecer la evaporación;
  • ofrecer agua si está consciente;
  • y recibir valoración sanitaria.

Un golpe de calor es una emergencia médica y debe tratarse como tal.

Entonces, ¿cuántos minutos son demasiados?

La respuesta más segura es:

desde el primer minuto existe un riesgo que no merece la pena asumir.

Sabemos que en aproximadamente 10 minutos la temperatura del habitáculo puede aumentar más de 10 °C en determinadas condiciones y que, con una temperatura exterior próxima a los 25 °C, un menor ya puede enfrentarse a un riesgo significativo de golpe de calor.

Sabemos también que después de 30 minutos el interior puede alcanzar temperaturas extremas y que los niños pequeños se calientan mucho más rápidamente que los adultos.

Por eso no existe el concepto de:

“Solo cinco minutos.”

Ni:

“Dejo la ventana abierta.”

Ni:

“Hoy no hace tanto calor.”

Cuando un bebé o un niño depende completamente de nosotros para salir del vehículo, la prevención debe comenzar antes de cerrar la puerta.

Una comprobación puede evitar una emergencia

Antes de alejarte del automóvil, acostúmbrate a comprobar siempre los asientos traseros.

Incluso cuando creas recordar perfectamente que viajas solo.

Especialmente cuando ha cambiado tu rutina diaria.

Los recordatorios, los sistemas tecnológicos de alerta y una red de personas de confianza pueden añadir capas adicionales de protección cuando se produce un error humano.

Porque en una situación donde cada minuto puede aumentar el riesgo, detectar el problema cuanto antes puede marcar una diferencia decisiva.

La mejor prevención sigue siendo sencilla:

ningún niño solo dentro del coche. Ni siquiera durante unos minutos.

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